Sobre mí

pablo-orosa-foto-portadaNací en un pueblo que ya no existe. Lleva años dejando de existir, desapareciendo a cada golpe de la memoria. Quizá por ello me gusta volver allí de vez en cuando y descubrir entre sus nuevos vecinos lo que queda de él. Os murmurios.  El pueblo donde me crié no tiene nada especial. Un cruce de ríos que le dan nombre y un monte, como tantos en Galicia, coronado por los restos de un castro celta que pierde terreno ante la fuerza del bosque.  Dicen que allí se escondía Foucellas. Las historias sobre Foucellas marcaron mi infancia. Ya en la adolescencia, cuando me trasladé a A Coruña, encontré un texto escolar en el que hablaba de Foucellas. Decían de él que era un maqui, lo que entonces no llegaba a entender del todo. En mi imaginario Foucellas había caído en lado de los buenos pero en aquel libro no daban a entender lo mismo. Aquel día comencé a darme cuenta que la división entre buenos y malos era un invento para películas americanas.

Además de Foucellas hubo otro elemento que marcó mi adolescencia. El mar. No cualquier mar, el mar del Orzán. Una de mis primeras experiencias laborales fue cubrir la muerte de tres policías nacionales fallecidos al intentar rescatar a un joven eslovaco arrastrado por la marea. Yo había aprendido a entender al mar del Orzán mucho antes, una tarde de mareas vivas en la que se llevó por delante mi ejemplar de El hombre duplicado, de José Saramago.

A aquellas palabras no leídas le siguieron muchas otras. Mi traslado a Madrid, para estudiar periodismo en la Universidad Complutense, marcó mi relación con los libros. McLuhan, Trotsky, Weber… En esos cinco años no aprendí a hacer periodismo. Eso es algo más complicado. Lo que comprendí en aquellas tardes entre partidas de mus, café cargado  y un buen puñado de amigos es que existen infinitas formas de ver la realidad. Tantas como personas.

El oficio de periodista comencé a aprenderlo en mi etapa de becario en Ondacero Radio y ya después como corresponsal de la agencia EFE en A Coruña. Un oficio bello, quizá el más bello que existe, aunque ingrato la vez.  El periodismo que yo aprendí nace en la calle,  entre ruedas de prensa, guardias a las puertas de los juzgados y, sobre todo, en extensas charlas con quienquiera que tenga una buena historia que contar. El periodismo en el que creo huye de tópicos y titulares. Las grandes historias son pequeños fragmentos de realidad. Citando a Orwell: “Periodismo es contar algo que alguien en algún momento y en algún lugar no quiere que se sepa. El resto es propaganda”. Yo, aprendiz de periodista, sólo trato de seguir esta máxima y dar voz a quien no la tiene.

Ahora busco historias en cualquier rincón del mundo. Lo he hecho en Oriente Medio, contado las ausencias de la posguerra iraquí y el conflicto kurdo; en el sudeste asiático, narrando la muerte de lenguas milenarias o el genocidio de la minoría rohingya en Birmania; y en América Central, tratando de entender por qué una sociedad camina miranda hacia atrás. Ahora avanzo por el Cuerno de África. Mis reportajes han sido publicados en Ahora busco historias en cualquier rincón del mundo. Lo he hecho en Oriente Medio, contado las ausencias de la posguerra iraquí y el conflicto kurdo; en el sudeste asiático, narrando la muerte de lenguas milenarias o el genocidio de la minoría rohingya en Birmania; en América Central, tratando de entender por qué una sociedad camina miranda hacia atrás. Ahora avanzo por el Cuerno de África. Mis reportajes han sido publicados en La Marea, El Mundo, Frontera D, Gara, El País, Luzes, Sea Globe, EsGlobal, La Razón, Ctxt, Altaïr, El Barrio Antiguo, Vozed, El diario.es y Público.