“No basta con que caiga Ortega, hace falta una transformación completa del sistema en Nicaragua”

Tras participar en la rebelión del 18 de abril, Jessica del Socorro y Fidel Ernesto Narváez recorren Europa desde el pasado mayo como parte de una caravana para llamar la atención de la comunidad internacional sobre la violación de los derechos humanos en Nicaragua.

Aunque llevaba más de una década fraguándose, el descontento social contra el binomio presidencia Daniel Ortega-Rosario Murillo explotó el pasado mes de abril. Las luchas feministas, estudiantiles, de campesinos y de pensionistas, hasta entonces atomizadas y aisladas, confluyeron para poner en marcha una rebelión que ha dejado ya 285 muertos. Jessica del Socorro Cisneros, fundadora del Movimiento Cívico de Juventudes (MCJ), y el profesor de Derecho Constitucional y Filosofía en la Universidad Politécnica de Nicaragua (UPOLI), Fidel Ernesto Narváez, llevan varias semanas visitando instituciones y organizaciones civiles en España con el objetivo de incrementar la presión internacional sobre el Gobierno de Ortega y obligarle así a poner fin a la represión. Después llegará la hora de reconciliarse con la revolución.

El objetivo de la caravana es el de informar sobre la situación en Nicaragua, ¿pero también forzar el posicionamiento de la comunidad internacional?

Jessica: La caravana tiene tres objetivos: uno romper el cerco mediático impuesto por el Gobierno a través de los medios oficialistas; dos buscar instituciones para que presionen a los gobiernos de cada país para que estos a su vez puedan influir sobre la familia presidencial y que ésta empiece a ceder; y tercero articular plataformas de solidaridad en los países europeos para darle continuidad a las acciones de la caravana y en el futuro para ayudar a la reconstrucción del país.

Fidel: Se busca un pronunciamiento a nivel estatal principalmente con aquellos países que tienen una vinculación comercial con la venta de armamento a Nicaragua, como es el caso de España, que provee material antidisturbios y municiones con las que se están violentando los derechos humanos en el país.

¿Os habéis reunido con el Gobierno español?

Jessica: Nos reunimos con el ministerio de Relaciones Exteriores veinticuatro horas antes del cambio de Gobierno para impulsar una investigación junto a Amnistía Internacional. Ellos dicen que desde 2016 no se está enviando más armamento a Nicaragua, pero lo que se envió hasta entonces hay pruebas de que se está usando en este momento. El Gobierno es el responsable de verificar los fines de ese armamento, por eso estamos impulsando que se haga esa investigación.

¿Y con el nuevo Ejecutivo?

Fidel: Todavía no, pero es nuestra intención hacerlo.

Da la impresión que todo se precipitó el pasado abril, ¿pero cuándo empezó realmente a estropearse la revolución?

Fidel: El origen de la rebelión es múltiple. Había problemas con derechos sociales, como el salario mínimo que se había congelado, con la seguridad social, migración económica por falta de oportunidades laborales; de orden político por el acuerdo de Ortega con los partidos minoritarios para crear una figura casi monárquica donde el fuera presidente, su esposa vicepresidenta y su hijo con rango de ministro; una reforma de la ley electoral que hacia más difícil obtener personalidad jurídica; represión a los movimientos de mujeres, Lgtb+, a la población indígena y a los campesinos. Además de un descontento de las personas que se sentían traicionadas por la involución neoconservadora del Gobierno de Ortega. Nos encontramos con un país intervenido, con un Gobierno que pensábamos que iba a ayudar a resoberanizar el país, pero que en realidad lo estaba vendiendo literalmente a pedazos: a Rusia en materia militar, China en materia económica y de Estados Unidos en política internacional. Nicaragua ha llevado un proceso de involución hasta casi constituir una monarquía de facto a través de un proceso supuestamente de izquierdas y revolucionario. Ese golpe histórico y esa mancha no la podemos permitir.

Jessica: Toda esta acumulación, la lucha de los pensionistas apoyada por los estudiantes, la toma de la reserva Indio Maíz y la ocupación de tierras de indígenas, la reforma de la Seguridad Social, confluye el 18 de abril y la represión aumenta multiplicando los niveles de violencia hasta el punto de que ese día la Policía dispara balas de goma con las que 9 jóvenes pierden un ojo. Entonces la población se enardece más y arma un efecto cadena: la policía y estos grupos paramilitares de la juventud orteguista como preferimos llamarles ya no tiran balas de goma sino de plomo y es cuando asesinan a los primeros tres jóvenes, lo que desencadena aún más manifestaciones.

Aunque ya retiraron algunas de las reformas, las protestas siguen avanzando

Jessica: Porque ya no es por la reforma del seguro social o la quema, es por todo lo que se venía acumulando y silenciando por la represión. Cuando el pueblo se alza contra esa dictadura ya no hay ningún paso atrás. Antes era uno o dos grupos, ahora son todos.

Pero esa oposición no es homogénea y tampoco lo son las salidas al conflicto

Fidel:  Hay dos grupos grupos bien configurados que proponen alternativas distintas. Por un lado los movimientos sociales con liderazgos de base en la universidad, las mujeres y el campesinado proponen un ruta hacia la democratización del país que tiene como objetivo la renuncia inmediata de la pareja presidencial, un gobierno de transición que no podrá presentarse a las elecciones generales, la convocatoria de una asamblea constituyente que redacte una nueva constitución y la convocatoria de nuevas elecciones una vez cambiado la estructura jurídica.

Por su parte, la Alianza Cívica, liderada por el gran capital y por los grupos de poder, incluida la iglesia, proponen convocar elecciones generales en nueve meses lo que dejaría a buena parte de la población sin posibilidad de organizarse y cambios cosméticos en la Corte Suprema de Justicia y el Consejo Electoral, pero renunciando a cambios estructurales.

¿Una transición a la española?

Jessica: Exactamente. Buscan una salida tibia porque de una un otra manera la iglesia y el Cosep (Consejo Superior de la Empresa Privada) saben que lo que está pasando es también porque hubo complicidad por su parte. Por eso quieren limpiar su imagen.

Fidel: Si buscamos la salida que proponen los movimientos sociales se dejaría en evidencia la complicidad de la iglesia, del Cosep y también de la embajada de Estados Unidos. El poder económico pide un aterrizaje suave, pero no basta con que caiga Ortega, sino que hace falta una transformación completa del sistema.

¿La iglesia ha perdido hasta su legitimidad como mediadora?

Fidel: A partir del 18 de abril la iglesia se distancia de la presión y está haciendo todo lo posible para legitimarse a través de la protección. Pero no hay que olvidar su relación con la Alianza Cívica y que no existe ese mismo acompañamiento a la postura de los movimientos sociales.

¿Es posible una salida pacífica para Nicaragua?

Jessica: Es lo que se quiere.

Fidel: Pero ya no puede haber una salida pacífica porque hay ya más de 285 muertos. Si esto se normaliza también vamos a olvidar a los 50.000 de los 80. La memoria entra en juego y es política también. El gobierno ya ejerció su violencia, ya hay muertos, heridos, secuestrados y desparecidos, lo que queremos es justicia y reparación para estas personas y una ruta hacia la democratización del país. Llamarlo pacífico porque no va a haber más muertos, perfecto, pero no para hacer el juego de amnesia política que el Gobierno pretende.

Entrevista publicada en el diario Jornada

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