Dar es Salaam, el paraíso desconocido

A menudo, cuando pensamos en visitar Tanzania, lo hacemos imaginando las nieves perpetuas del Kilimanjaro, el techo de África y una de las siete maravillas naturales del mundo. O en las manadas de ñus, elefantes y jirafas recorriendo el Serengeti. O en las playas paradisiacas de Zanzíbar.

Sin embargo, Tanzania esconde otros rincones por los que perderse, como Dar es Salaam, la más grande y bulliciosa de sus ciudades.

No tenga prisa por llegar. Nunca coja un atajo”. Estos versos, una versión propia de un éxito de M-Clan, deberían tatuarse en la piel de cada viajero. Porque ¿acaso hay algo mejor para descubrir un lugar que perderse en él?

Eso es lo que haremos en esta urbe, ubicada en una bahía de aguas mansas del Índico.

Allí, la arquitectura mezcla la herencia colonial británica y germánica con las construcciones de África del Este y las influencias árabes e indias, una diversidad que se traslada también a su gastronomía y a su gente: Dar es Salaam es sin duda la urbe más multicultural de Tanzania y, probablemente, de toda la región costera.

DAR ES SALAAM, EL PERFECTO PUNTO DE PARTIDA

Aunque, demasiadas veces, la prisa borra la ciudad de nuestros planes, lo cierto es que vale la pena encontrarle un hueco tanto antes como después de ir a Zanzíbar, de la cual Dar Es Salaam es el perfecto punto de partida.

De hecho, hacia la isla de las playas turquesas salen ferris cuatro veces al día en cada sentido: los rápidos, a partir de 35 dólares, apenas se demoran dos horas. No obstante, si lo que te sobra es el tiempo y no el dinero, cada mediodía sale desde la ciudad un Slow Ferry (20 dólares y algo más de tres horas de viaje), cuyos billetes se venden en la caseta amarilla de la terminal.

Para ir a Arusha, la ciudad que sirve de campo base para visitar losparques naturales del norte (incluido el Serengeti) o subir el Kilimanjaro,hay vuelos directos por alrededor de 70 euros y buses por algo menos de 15 euros: a diferencia de lo que ocurre en otros países africanos, viajar en autobús por Tanzania es seguro (las carreteras son buenas), aunque nadie te va a librar de las ocho o diez horas de trayecto.

Existe también la opción de volar al Aeropuerto Internacional del Kilimanjaro, a unos 45 minutos y 10 dólares de Arusha, con FastJet, por poco más de 35 dólares.

LOS SECRETOS DE DAR ES SALAAM

La primera gran decisión al llegar a Dar es Salaam es buscar dónde alojarnos. El barrio de Kariakoo, a un paseo de 20 minutos de la estación de ferry y del centro de la ciudad, es la opción más económica, además de la mejor manera de acercarse a la vida diaria en la gran urbe de Tanzania.

Es posible caminar también hasta la lonja de Kivukoni, uno de los mercados más impresionantes de toda la franja costera del Índico africano: al alba, poco después de las 06.00, los pescadores locales comienzan a llegar para vender sus productos frescos.

Aunque probablemente no entendamos nada, la puja entre comerciantes y pescadores es en sí un espectáculo fascinante. Los más atrevidos pueden también pujar por un pargo rojo o algo de marisco. Eso sí, es recomendable hacerlo cuando la afluencia de compradores y visitantes ya haya bajado. Por eso de negociar con calma…

Para los bolsillos más afortunados, el barrio costero de Masaki es la opción ideal: playa, música, restaurantes. Es aquí, alrededor de la bahía de Msasani, donde se concentra la dolce vita de la ciudad.

Primero, durante el día, en los arenales de la zona: desde Coco Beach a las pequeñas calas coralinas en las que sólo se puede bañar uno con la marea alta. Al caer el sol, en las terrazas y restaurantes de la bahía.

Escondidos tras los neones del centro comercial Slipway, parten los barcos a uno de los rincones más maravillosos que escode Dar es Salaam: la isla de Bongoyo.

Integrada en la reserva marina de Dar es Salaam junto con otros seis pequeños islotes, Bongoyo es una reproducción a escala reducida de Zanzíbar: sus mismas aguas turquesas, su misma riqueza submarina…

Un paraíso para los amantes del snorkeling y para los del dolce far niente. Pasar el día en una playa paradisíaca bajo una sombrilla de palma  con una cerveza fría. Eso es Bongoyo.

La costa de Dar es Salaam esconde otro tesoros, como las ruinas de un puesto de defensa avanzado de los germanos, el desove de las tortugas hawksbill o el rarísimo cangrejo de los cocoteros, una especie única que se encuentra en la isla de Mbudya.

Todas son razones de peso para dedicarle parte de nuestras vacaciones a la ciudad.

TIP TRAVELER

Si tomamos el último de los ferris que nos trae de vuelta a Dar es Salaam, probablemente, nos sorprenda uno de los atardeceres más espectaculares que nos hayamos encontrado: seremos testigos de un mar de colores deshaciéndose sobre el skyline, una de las fotografías imprescindibles que llevarnos de este viaje.

Y al poner pie en tierra, aún hay más: ¿Qué mejor que disfrutar de una parrillada de marisco en Karambezi Cafe o de un sushi en Thai Kanimientras el sol termina de teñir el horizonte?

Reportaje publicado en Traveler

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