El fracaso electoral mide la madurez democrática de Kenia

Con una participación que no llega al 35% y amplias regiones que no pudieron votar a causa de los enfrentamientos entre Policía y opositores, la repetición de las elecciones en Kenia se ha revelado un fracaso que deja al país en la inestabilidad: nuevos enredos judiciales amenazan con desbordar la tensión.

“A menos que los tribunales anulen las elecciones, Kenyatta seguirá adelante sin un mandato claro y Odinga mantendrá su estrategia de protestas cuyas posibilidades de éxito en las circunstancias actuales no son muy altas”. Las palabras del analista de International Crisis Group, Murithi Mutinga, recogidas por Reuters, resumen el escenario que se abre en Kenia después de que los comicios celebrados este jueves no hayan hecho más que polarizar la tensión en un país ya propenso a los enfrentamientos tribales.

La oposición, tal y como había pedido su líder, Raila Odinga, boicoteó los comicios: la imagen de colegios vacíos y policías cargando contra manifestantes en el oeste del país -donde los comicios tuvieron que repetirse este sábado- borra cualquier rastro de legitimidad que las votaciones pudieran tener. Más de 150 muertos desde que se iniciase el proceso electoral en agosto son su otro resultado.

Mientras espera a que la contestada Comisión Electoral lo proclame de nuevo presidente -los resultados provisionales le otorgan el 95% de los sufragios-, Uhuru Kenyatta prepara ya sus próximos pasos: purgas en el poder judicial y más mano dura contra los opositores. La escalada tribal puede desbordarse en cualquier momento: durante las votaciones de esta semana en Kisumu, relata un diputado que prefiere no ser identificado, las milicias kikuyo, los temidos mugiki, han asesinado a una decena de ciudadanos. La coalición opositora, que cifra en 70 los muertos este jueves, ha tildado lo ocurrido de “genocidio”.

Hartazgo social: el país necesita reactivar su economía

Tras tres meses paralizado, con comercios cerrados durante días, inversiones retenidas y mucho temor entre los ciudadanos, el país necesita reactivar su economía, principal motor regional y que por primera vez desde 2012 crecerá menos de un 5% este año. “La paz es lo más importante en este país. Si no hay paz los turistas no vienen y los negocios se resienten”, relataba esta semana un transportista con más de diez años en el sector.

Es el factor económico el único que puede unir al país: las palabras de Odinga, veneradas por sus seguidores, sólo fueron desoídas una vez esta campaña, cuando llamó a una huelga general tras los comicios de agosto. Su gente no podía permitírselo. De su próximo movimiento, de si apuesta por tomar de nuevo las calles u opta por la vía judicial que podría llevar al país a unas nuevas elecciones, depende el color del horizonte inmediato de Kenia. Podría volverse negro o seguir siendo muy gris.

Análisis publicado en el diario Gara

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