Lolita Chávez: “Las voces de las mujeres en lucha en Guatemala son silenciadas”

Su defensa del pueblo y el territorio K’iche le obligó a dejar Guatemala y exiliarse en Euskadi tras sufrir cinco intentos de asesinato. Finalista del Premio Sájarov , Lolita Chávez denuncia la responsabilidad de las empresas, entre ellas una vinculada a A Coruña, en el expolio de los recursos naturales de Centroamérica

Después de que en junio de 2017 unos hombres armados vinculados a grupos paramilitares y a empresas madereras intentaran acabar con su vida, la lideresa K’iche Aura Lolita Chávez decidió dejar su tierra natal, al norte de Guatemala, y exiliarse en Euskadi. Desde el otro lado del Atlántico sigue defendiendo el derecho a la tierra de los pueblos originarios y la liberación de la mujer. Esta lucha, que ya le ha valido el premio Ignacio Ellacuría de la Cooperación vasca en 2017 y le llevó a ser finalista del premio Sájarov del Parlamento Europeo, la ha traído estos días a A Coruña, de la mano de Marea Atlántica, donde tenía su sede social Ecoener-Hidralia, una de las empresas implicadas en el expolio de los recursos naturales de Centroamérica.

 En el Parlamento Europeo aplaudieron su defensa del territorio contra la minería, pero no contra las hidroeléctricas.

-Incluso nos quitaron una reunión. A mí me habían escuchado en contra de las empresas mineras, pero cuando oyeron que estábamos en contra de las hidroeléctricas también, no les gustó. Europa está muy interesada por el agua de Abya Ayala [América en idioma kuna] y las potencias occidentales se alían para hacerse con los recursos naturales.

 ¿Lo hacen a través de empresas transnacionales?

-En el modelo del neoliberalismo no puedes separar una empresa de otra. Es un proceso bien planificado: no es sólo la oligarquía de Guatemala, son también las potencias mundiales, entre ellas la Unión Europea que financia a Guatemala en áreas como seguridad y eso alimentan la represión.

 A usted la han intentado asesinarte en varias ocasiones

-El último atentando que tuve fue el 7-8 de junio de 2017, cuando a mano armada hombres vinculados con paramilitares y con empresas madereras nos persiguieron a defensores del Consejo de Pueblos K’iche que luchamos por la defensa de la madre tierra.

 ¿Puede el miedo paralizar su lucha?

-El miedo está, pero al mismo tiempo tenemos valor. El pueblo K’iche siempre ha sido un pueblo rebelde y organizado. Mis abuelas lucharon, mi madre luchó, yo luché y a mi hija ya la estoy orientando a que luche. Nunca vamos a morir agachados.

 ¿Quién está detrás de esta represión?

-El ejército, la policía y las empresas privadas de seguridad de las transnacionales operan juntos. Pero si a mí me matan siempre diré que tuvo que ver el Banco Mundial, las potencias internacionales y las empresas transnacionales, aunque me haya matado mi vecino.

 Una de las empresas implicadas en la explotación de los recursos de Centroamérica, Ecoener-Hidralia tenía su sede en A Coruña

-Se trataba de un proyecto hidroeléctrico en el río Cambalam que está parado desde hace un año gracias a la resistencia. Fue un proceso muy fuerte, con mucha sangre derramada. La gente se levantó para defender el agua y el Gobierno de Otto Pérez Molina, un genocida hoy en prisión por corrupción, utilizó todo el poder del Ejército para atacar al pueblo de Barillas. Hubo un estado de sitio, pero el pueblo fue apoyado por otros pueblos. Nos levantamos todos: ¡Todos somos Barillas! Metieron en la cárcel a compañeros, los asesinaron… pero el levantamiento consiguió pararlo.

 Las mujeres tuvieron un papel clave en esta resistencia

-Cuando los hombres fueron encarcelados, quienes mantenían el sostén de la resistencia fueron las mujeres. Durante el estado de sitio hubo violaciones sexuales.

 ¿Pero su papel fue invisibilizado?

-Si no sale la defensa de los pueblos originarios, muchos menos la de las mujeres. No podemos decir que entre nosotros todo es pacífico y que nos amamos, porque también hay machismos internos y disputas de poder. A nosotras nos toca luchar con las empresas transnacionales pero también contra el patriarcado ancestral. Las voces de las mujeres son silenciadas.

 Ya lleva unos meses en España, ¿esto también ocurre aquí?

-Las formas no son iguales a las allí, pero siguen siendo violentas. Aquí hay perversidades laborales, políticas, pero también en las relaciones cotidianas. La cuestión sexual es muy fuerte. Por eso, para nosotras, liberar nuestro territorio-tierra es liberar también nuestro territorio-cuerpo.

 ¿Qué responsabilidad tienen las sociedades occidentales en lo que hacen las empresas transnacionales?

-El neoliberalismo transciende a los Estados. Las sociedades se han quedado en un estado de contemplanza.

 ¿Nos escudamos en nuestros Gobiernos?

-Creo que hay mucha hipocresía. El modelo perverso de falso desarrollo caló aquí más: no piensan que es posible otro modelo de vida.

 En 2015, el pueblo guatemalteco tomó las plazas contra la corrupción, un despertar ciudadano que acabó con la caída del Ejecutivo de Otto Pérez Molina. ¿Cómo ve hoy aquel proceso?

-Fue un proceso muy bueno.

 ¿Pero se ha apagado?

-Para quitar la corrupción tendríamos que quitar al 80 o 90% de los alcaldes, porque casi todos son corruptos. En el Congreso, si logras que alguno no sea corrupto… la corrupción es un mal mundial, pero Guatemala está levantándose con fuerza contra ella. Creemos que es posible luchar contra la corrupción. Hay un presidente, Otto Pérez Molina, en la cárcel. ¿Y el estado español qué? ¿Rajoy qué?

Entrevista publicada en La Opinión Coruña

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