gara - kenia

La oposición keniata opta por la vía judicial para tumbar la victoria de Kenyatta

Las protestas por el supuesto fraude electoral en Kenia pasarán de la calle al juzgado. Al menos temporalmente. Tras varios días de calma tensa, cargados de mensajes cruzados, el líder de la oposición, el veterano Raila Odinga, ha apostado por acudir a la Justicia para impugnar la reelección de Uhuru Kenyatta en los comicios del pasado día 8. Los continuos llamamientos a la paz de la comunidad internacional y el temor a un nuevo baño de sangre como el vivido tras las elecciones de 2007 están detrás de este cacareado “gran movimiento” que apacigua el futuro inmediato de Kenia pero no aclara su horizonte.

“Vamos a darle una segunda oportunidad al Tribunal Supremo para que se redima”. Después de haber reiterado en varias ocasiones que no volverían a acudir a la justicia para resolver una disputa electoral, Odinga ha dado marcha atrás. Decenas de muertos -la cifras fluctúan entren los 100 de la oposición y los 10 que confirma la Policía- y una atmósfera de tensión con cargas policiales, asesinatos extrajudiciales y periodistas y ONGSs vetados han sido argumentos suficientes para que la oposición busque una salida pacífica antes de dar rienda suelta a las protestas. “Los kenianos no necesitan usar la violencia para conseguir justicia”, declaró, un día más tarde de lo anunciado, el líder de la Súper Alianza Nacional (NASA) en un esperado discurso antes sus seguidores en Nairobi.

Su promesa, su nueva promesa, es hacer “todo lo posible para atraer la atención pacíficamente sobre este fraude electoral”. Desde antes incluso de que Kenyatta, líder de la alianza Jubilee Party apoyada por los kikuyo, la etnia más poderosa del país, y los kalenjin, fuese proclamado oficialmente vencedor de las elecciones, la oposición ya avanzaba que no aceptaría los resultados: aseguraban que un ataque informático había cargado un algoritmo para generar una ventaja constante de 11 puntos a favor de Kenyatta. La comisión electoral desmintió en un primer momento cualquier interferencia externa, aunque días después admitió que hubo un intento de ataque informático, pero aseguró que no funcionó.

“La oposición cree que el voto fue robado. Yo también comparto este pensamiento. Si uno se fija en el sistema se da cuenta de que existe un flujo de resultados desordenado. Desde el inicio de la transmisión de datos Kenyatta lideraba los resultados. Son muchos los que creen que la máquina pudo haber sido manipulada para darle una ventaja sobre Odinga. Además, si miras los resultados de otros candidatos compitiendo por otros cargos te darás cuenta de que los ganadores obtienen también un 54% -la misma cifra por la que fue declarado ganador Uhuru Kenyatta-. Esto es cuestionable”, apunta el reputado comentarista político Hezron Ochiel.

La propia Unión Europea, cuya misión de observadores avaló el resultado de los comicios, ha pedido ahora a la Comisión Electoral que publique todas las actas “sin demora” para que la sociedad pueda “escrutar y comprobar la base oficial” de las elecciones. Existen en el país, el 145 de 176 más corrupto del mundo según Transparencia Internacional, poca confianza en la capacidad de las instituciones para garantizar unas elecciones libres y justas. La tortura y asesinato del responsable del sistema tecnológico y de los centros de datos de la Comisión Electoral, Chris Msando, una semana antes de los comicios “habla por sí mismo”, resume el investigador en política social de la Universidad de Nairobi, Sekou Toure.

“Los kenianos no vamos a permitir que continúe esta impunidad (…) Los kenianos dicen no a los líderes generados por ordenador”, proclamó Odinga, apegado a su firme decisión de no aceptar una nueva derrota ante Kenyatta. Lo único que ha cambiado en estos días es la manera de lograrlo. Si tras proclamarse la reelección del líder kikuyo la violencia estalló en los slums de de Kibera y Mathare, en Nairobi, y en los dominios luo -la etnia a la que pertenece Odinga- de Migori, Homa Bay, Kisumu y Siaya, la estrategia de la oposición pasar ahora por desacreditar pública y judicialmente el resultado electoral.

“Llegados a este punto”, señala Ochiel, la oposición en mi opinión quiere aumentar la presión sobre el Gobierno para crear una crisis y luego forzar un Ejecutivo de unidad nacional del que ellos entrarían a formar parte”. Así ocurrió en 2008, después de que el “invierno sangriento” desatado tras los comicios de diciembre y que dejó más de 1.110 muertos llegase a su fin tras un pacto por el que Mwai Kibaki, líder por entonces de los kikuyu, permaneció como presidente y Odinga se incorporó al Ejecutivo como primer ministro. La diferencia es que en esta ocasión “baba” Odinga prefiere lograrlo por la vía pacífica.

Esta por ver lo que ocurrirá si, como sucedió en 2013, el Tribunal Supremo desestima sus alegaciones. Es entonces cuando se medirá realmente la paciencia de Odinga y su capacidad para controlar a la oposición.

La comunidad internacional, hasta ahora, con Kenyatta

Con la guerra en Sudán del Sur y la amenaza yihadista en Somalia, la estabilidad en Kenia juega a favor de Kenyatta. La comunidad internacional recela de cualquier movimiento que pueda perjudicar a un socio estratégico: al aliado de Estados Unidos y la Unión Europea en sus políticas de seguridad en el Cuerno de África; al partenaire chino en el comercio de los recursos naturales.

Hasta el momento, todas las misiones diplomáticas han reconocido la victoria del Jubilee Party y han repetido las llamadas a la calma. España y Francia, este último por boca de su propio jefe de Estado, Emmanuel Macron, han exigido a la oposición que respete las reglas de la democracia, mientras Estados Unidos y China han coincidido en su intención de seguir “colaborando” con el gobierno “amigo” de Kenyatta.

Análisis para el diario Gara