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Nourdin El Ouali: «Uno de los retos de Europa es normalizar la presencia de los musulmanes»

Una política nacida de las minorías. Con esta idea, NIDA, surgido del movimiento social de Rotterdam, ha sumado a mujeres, colectivos LGTBI y musulmanes al debate público. Su líder, Nourdin el Ouali, tiene clara la receta contra el populismo: valores comunes.

¿Por qué decidieron crear NIDA?

No estábamos satisfechos con la respuesta que la izquierda estaba dando a los problemas: la ultraderecha dice que el islam es una amenaza y la reacción de la izquierda no es la de oponerse frontalmente, sino decir que también hay musulmanes moderados. La izquierda no está ofreciendo una respuesta, está a la defensiva, y los votantes se van a partidos más extremistas. Estos son los que están marcando la agenda a la propia izquierda en temas como la inmigración o la religión.

Y los votantes, incluso los moderados, se marchan con ellos…

La ideología ya no está jugando el papel que solía jugar en la política. El populismo es la corriente mayoritaria y todos los partidos quieren jugar ese juego. Ya no tenemos líderes morales, faltan valores éticos.

¿Estamos ante una crisis moral más que económica?

Es un problema económico provocado por la agenda neoliberal que ha situado a la UE a las puertas de un colapso total pero también moral: la idea de solidaridad está desapareciendo de los principios de la UE. No nos centramos en los valores que compartimos, sino en lo que nos hace diferentes. Este razonamiento nacionalista ha sido causado por la crisis económica. La política exterior está dominada por la idea del “choque de civilizaciones”, por lo que cuando se produce un ataque terrorista en nuestro territorio 9 de cada 10 políticos lo explican como un ataque a nuestra forma de vivir: “el choque de civilizaciones”. Detrás de este pensamiento se esconde una profunda desconfianza en la diversidad y la igualdad.

¿Cómo se puede contrarrestar esta retórica?

La política tradicional apaga muchas voces interesantes, especialmente en la izquierda. Necesitamos darles oxígeno y para eso tenemos que fijarnos en lo que hizo Pim Fortuyn (en alusión al político y escritor que recuperó el discurso xenófobo en los Países Bajos y que fue asesinado en 2002): dar voz a la gente que no se siente representada.

¿Eso bastará para recuperar a los votantes de la izquierda?

Necesitamos poner un contrapeso en el otro lado de la balanza y hacer visible a la gente que está fuera. La gente no quiere más ‘status-quo’, quiere nuevos puntos de vista que los representen. Proponemos una nueva narrativa en la que no excluimos a nadie y debatimos para encontrar soluciones.

Entre otros temas, a la situación de los refugiados.

La inmigración puede ser vista como una oportunidad, sabiendo que conlleva ciertas dificultades, como el idioma, y que es necesario hacer ajustes; o puede ser vista como una amenaza. Coincido con Fortuyn en que nuestros valores, como la libertad religiosa, de expresión o la igualdad, están en peligro, pero la amenaza no proviene de fuera, del islam o de los países del este de Europa como argumenta la ultraderecha, sino que viene de dentro, de los extremistas. ¡Ninguna mezquita en los Países Bajos es una amenaza a nuestra Constitución en comparación con la ultraderecha que quiere prohibir el Corán y cerrar las mezquitas!

Uno de los retos de Europa es normalizar la presencia de los musulmanes. Históricamente han sido los otros, los diferentes, y los hemos usado para definirnos a nosotros: si ellos son esto, nosotros somos lo opuesto. Por supuesto que hay problemas en los países musulmanes, pero el islam en los Países Bajos es muy amplio. La mayoría de los musulmanes aquí están creciendo, tanto económicamente como en sus aportaciones a la sociedad. No se está produciendo una islamización de los Países Bajos, al contrario, lo musulmanes aquí se están pareciendo cada vez más a los neerlandeses.

No es lo que Wilders dice.

Una más de sus mentiras.

Pero la gente le cree.

La gente quiere creerlo, y eso es un desafío. Tenemos que contrarrestar la política basada en las emociones ofreciendo una alternativa. La respuesta contra el populismo tiene que ser el idealismo.

¿Y esto en qué se traduce?

Tenemos una oportunidad para construir una alternativa basada en cinco puntos: ecología, fomento de la cultura, un modelo social más allá del individualismo, una economía en la que prime la gente antes que el capital y valores éticos. Porque un Estado secular debe ser neutral, no antirreligioso.

¿Es difícil ser musulmán en los Países Bajos?

Como individuo no, puedo acudir a la mezquita…; pero como grupo social es problemático. La gente repite todo el rato el argumento de que somos peligrosos. El razonamiento de la ultraderecha ha llegado a que aunque aportemos a la sociedad nos siguen viendo como un peligro, como “esos peligrosos musulmanes que están entre nosotros”.

Entrevista publicada en el diario Gara