Zunar, el caricaturista que brega contra la corrupción de Najib en Malasia

El primer ministro de Malasia, Najib Razak, no teme a la oposición. Tampoco a la revuelta popular del Bersih ni al intento de secuestro del Estado Islámico. Ni siquiera al departamento de Justicia de Estados Unidos pese a que trata de incautarle mil millones de dólares por un escándalo de corrupción que salpica incluso a Leonardo DiCaprio. A Najib Razak, al frente del país desde 2009, lo único que lo amedrenta son las caricaturas de Zulkiflee Anwar Haque, “Zunar”. El dibujante irredento. Al que una acusación por nueve cargos de sedición amenaza con encerrarlo nuevamente. Esta vez por 43 años.

Una colección de libros “To fight through cartoon”, la recopilación con algunos de sus mejores trabajos, se apila sobre una mesa astillada en el estudio de Zunar, un pequeño espacio abigarrado de caricaturas que ocupan paredes, columnas y hasta su propia ropa al sur del barrio de Bukit Bintang. Al otro lado de la estancia, un grupo de jóvenes periodistas y activistas prepara una nueva edición de su diario online. Es uno de los pocos medios que todavía se atreve a dar espacio a Zunar. Los demás, o lo han repudiado o han sido clausurados. “Los periódicos están controlados por el Gobierno”. Zunar habla despacio. Tiene la mirada entornada y el paso cansado, como si su cuerpo sólo entendiese el vértigo del lienzo en blanco. Es ahí donde Zunar se encuentra a sí mismo. Y donde toda Malasia observa las sombras de su propio espejo.

La destitución en 1998 del líder opositor Anwar Ibrahim y su posterior encarcelamiento meses después fue para Zunar una declaración de guerra. Los trazos de su lápiz se convirtieron desde aquel día en la única arma frente al despotismo del Barisan Nasional (BN), dirigido por aquel entonces por Mahathir Mohamad, hoy aliado de Anwar en la lucha por derrocar a su hijo político, Najib Razak.

Desde su llegada al poder en 2009, Najib ha ido coleccionando enemigos: primero los opositores del Partido de Justicia Popular (PJP) a los que arresta y hostiga sirviéndose de las leyes contra el terrorismo y la controvertida Sedition Act, la que mantiene en prisión a Anwar y la que amenaza con acallar también a Zunar. Después, fueron las minorías étnicas chinas e indias y el movimiento Bersih de las camisas amarillas por unas elecciones limpias y justas a los que convirtió en antagonistas en un deja vu nacionalista que retrotrae a la memoria a los enfrentamientos de mayo de 1969 en los que al menos 200 personas perdieron la vida. Hasta el momento, las reyertas se han saldado con al menos 7 heridos.

En los últimos meses, con la ralentización de la economía China en el horizonte, el bajo precio de los hidrocarburos y la acusada depreciación del ringgit, la élite económica que sustentaba al primer ministro ha pasado a ser también parte del eje del mal. “Najib está afectando a la economía. Los inversores no se fían de él y están abandonando el país a diario. Puede ser que los oligarcas piensen: ‘Es sólo un hombre. Si sacrificamos un hombre el bote seguirá navegando’”, apunta Tian Chua, vicepresidente de la alianza opositora Partido Justicialista Popular (Keadilan). Incluso sus camaradas políticos, como el exviceprimer ministro Muhyiddin Yassin han sido purgados. “Nos estamos adentrando en un sistema autoritario”, alerta Cynthia Gabriel, directora del Center to Combat Corruption & Cronyism.

Los eslabones de la corrupción alcanzan al Lobo de Wall Street

Durante décadas, Malasia ha sido, junto a Singapur, el paradigma del crecimiento económico del sudeste asiático traducido en las impresionantes Torres Petronas que dominan los cielos de acero de Kuala Lumpur. El desarrollo tecnológico, los hidrocarburos y un islamismo moderado mitigaban las tensiones étnicas y el descontento social que la crisis económica no ha hecho más que sacar a luz en forma de camisas amarillas y radicales yihadistas. “Las diferencias ya estaban ahí, el movimiento Bersih es sólo una manifestación de las mismas (…) es la forma en la coalición lleva gobernando las últimas décadas” lo que “sube la temperatura del conflicto étnico”, asegura el escritor Shaun Tan.

Un sistema universitario con plazas reservadas para la mayoría malaya, ventajas económicas a la hora de acceder a una vivienda, mejores puestos de trabajo… “En todos los niveles de la sociedad hay discriminación”, relata Tan. Desde su independencia, la Federación de Malasia ha alimentado un régimen oligárquico, una alianza entre empresarios y líderes políticos, que preserva el control económico y social del país. “Sabemos como los políticos han ganado las elecciones todo este tiempo: ¡Con dinero!. No eran elecciones justas y libres”, exclama Gabriel, una de las pocas activistas que se atreve a alzar la voz contra los excesos del régimen. “Los servicios de mantenimiento, de basuras, las autopistas…no se adjudican a la mejor oferta, sino que dependen de los contactos. Existe una élite de “amigotes” a los que el Gobierno tiene que alimentar constantemente”, continúa.

En 2009, tras su llegada al poder, Najib creó un fondo para atraer inversiones y estimular el crecimiento del país. Un lustro después, el 1MDB tenía una deuda de casi 10.000 millones de euros: buena parte del dinero había sido desviado a cuentas del presidente y de su corte afín. Al menos así lo cree el Departamento de Justicia de Estados Unidos, el cual tras una investigación del diario “The Wall Street Jorunal” y el portal Sarawak Report ha interpuesto una denuncia para recuperar más de mil millones de dólares de los que se apropiaron altos cargos del Gobierno malasio hasta 2015 a través de una red internacional de lavado de dinero. Adquirían propiedades inmobiliarias, joyas y obras de arte. De “La maison de Vincent à Arles” de Van Gogh, a “Saint-Georges Majeur” y “Nympheas avec Reflets de Hautes Herbes” de Monet. Parte del dinero se destinó además a sufragar la película “El lobo de Wall Street”, cuyo productor fue Riza Aziz, hijastro de Najib Razak.

Hasta la fecha, el primer ministro ha negado su participación en el escándalo e incluso ordenó una investigación de la Fiscalía malasia que acabó por exculparlo de cualquier responsabilidad: el dinero que apareció en sus cuentas procedía de un donativo de la familia real de Arabia Saudí. Al conocer la resolución, a Zunar se le vino a la vente un nuevo personaje para sus caricaturas: “The Man of Steal”. El hombre capaz de coaptar un Estado. “A día de hoy, la justicia está bajo el control del Ejecutivo”. “Las instituciones públicas, incluyendo la justicia, comisión anticorrupción y la Policía, no son independientes. Están bajo el control del Ejecutivo”, traduce Gabriel.

Los bolsos de Rosmah Mansor

La sociedad malasia ha tolerado durante este medio siglo cierto grado de corrupción. La oligarquía se enriquecía, pero el país registraba un crecimiento medio del PIB del 6,35% anual desde 1961: miles de personas salían cada año de los índices de pobreza. Pocos se preguntaban entonces por los excesos del Barisan Nasional. Tras los comicios de 2013, en los que la oposición liderada por Anwar obtuvo sus mejores resultados, aunque lejos de la victoria electoral, la percepción social empezó a cambiar. Las caricaturas de Zunar se propagaban en las redes sociales: “The Man of Steal” se convirtió en un icono, como el ojo todopoderoso de la Sedition Act o los bolsos de Rosmah Mansor, la primera dama del país. “El problema de Najib es su mujer. A la gente no le gusta su tren de vida”, reconoce una joven criada en el bienestar de la oligarquía del BN mientras apura su café en un anden de KL Central.

Es habitual ver a Rosmah de compras en Harrods o en cualquiera de las tiendas de lujo de la Quinta Avenida de Nueva York. Entre 2008 y 2015, según la investigación de “The Wall Street Journal’, la autoproclamada primera dama malasia se gastó 6 millones de dólares en ropa, joyas zapatos y bolsos. Por algo posee una de las mayores colecciones del mundo de bolsos Hermes, alguno cuyo coste asciende a varios miles de dólares.

El país entero reconoce a Rosmah, la Imelda Marcos local, en las caricaturas de Zunar. La mujer de la melena voluminosa, el anillo de diamante en el dedo corazón y una ristra de joyas que no dejan cerrar el bolso es el icono de lo que Malasia no quiere ser. Y por eso Najib y su esposa están decididos a acallarlo. El pasado mes de octubre los servicios de migración le impidieron salir del país pese a que no existe ninguna restricción a este derecho en su contra. “La prohibición de viajar a Zunar es el último intento de las autoridades de Malasia para silenciar a las voces críticas”, denuncia Amnistía Internacional.

Confinando en su propio país y vetado en las grandes cabeceras mediáticas locales, Zulkiflee Anwar Haque, “Zunar”, el dibujante irredento, espera el juicio por sedición previsto para el próximo día 22. Se enfrenta a 43 años de prisión.

    “Tengo miedo, soy humano, pero la responsabilidad es mayor que el miedo”.

  • ¿No se ha planteado la posibilidad de irse, de solicitar asilo en otro país?
  • Quiero enfrentar este juicio, es la única oportunidad de exponer al Gobierno. La comunidad internacional va estar observando y ellos tendrá que justificar porque usan la Sedition Act contra un dibujante.

Reportaje publicado en el semanal Gaur 8