Jean-Robert Cadet: “Las ONG internacionales están impidiendo avanzar a Haití”

El activista Jean-Robert Cadet, incansable opositor a la esclavitud, tiene la mirada límpida de quien ya cruzó la frontera del infierno. Haití, el país más pobre de América, fue la cárcel que secuestró su infancia. Hoy, Cadet lucha por que ningún niño vuelva a llenar sus noches de lágrimas. Y sabe donde radica el problema.

“La corrupción es el problema número uno, la corrupción está paralizando Haití”, pero son “las ONGs internacionales” las que “están impidiendo avanzar a Haití”.

Aunque resulte paradójico a primera vista, el aluvión de ayuda internacional que llegó al pequeño país caribeño tras el terremoto de 2010 no ha hecho más que alimentar las listas de muertos. A las 300.000 personas que fallecieron aquellos días oscuros de enero de 2010, no han dejado de sumarse nuevos nombres víctimas de la violencia en la que está sumido el país.

“La situación está yendo a peor. Hay mucha violencia ahora mismo”, advierte Cadet en una entrevista con Acan-Efe.

En una visita reciente al país, donde centra los esfuerzos de su organización Jean R. Cadet Restavek contra el restavek -el sistema de servidumbre doméstica forzosa y la esclavitud de menores-, Cadet estuvo a punto de morir asesinado por unos asaltantes. Los salvaron dos policías. Los días, en el Caribe haitiano, son cada vez más oscuros. Como si aquel enero no se hubiese acabado nunca.

Aquel enero de oscuridad nació años antes, en la intervención militar de 2004 contra el presidente Jean-Bertrand Aristide que culminó con la llegada de las más de 7.000 tropas de Naciones Unidas que la población nunca ha llegado a respetar.

Tildadas de tropas de ocupación, son numerosas las acusaciones de violaciones y de represión. Para muchos haitianos, los cuerpos de paz sólo están protegiendo los intereses de Estados Unidos y del modelo corrupto imperante. “Sin la corrupción no habría tropas de la UN patrullando las calles de Haití evitando que la gente se mate entre ellos”, asegura Cadet.

Porque es cierto que los haitianos se matan entre ellos, pero lo es también que el modelo de desarrollo impuesto por la comunidad internacional no ha hecho más que alimentar esta violencia. “Las ONGs llevan muchos años en Haití y la dependencia se ha vuelto una cultura en el país”, advierte Cadet.

“Hay muchas ONGs en Haití. Los Gobiernos que quieren ayudar a Haití donan dinero a ls ONGs, pero éstas desafortunadamente no entienden nada de la cultura en Haití”, asegura el activista tras participar en Guatemala en la conferencia sobre derechos humanos “College Freedom Forum” organizada por la Human Rights Foundation.

“Las ONGs internacionales les dicen a los haitianos lo que hacer, no escuchan a la población”, lamenta.

Tras más de una década de intervención internacional, Haití es hoy un país dependiente, corrupto – “la corrupción es parte de la cultura en el país”, asegura Cadet- y extremadamente pobre. Tan pobre que el negro es casi gris.

“La administración Clinton es responsable de la crisis agrícola en Haití”, de su pobreza oscura. “Haití ya no produce tanto arroz como solía hacerlo porque la ONU inundó el mercado con arroz barato de manera que los productores locales no pueden competir”, explica Cadet.

Sin equipamiento ni formación, el arroz que producen los agricultores haitianos “no tiene manera de competir” con el que se produce en Estados Unidos: “Éste cuesta la mitad”, apunta el activista, quien siendo un crío fue esclavizado como trabajador doméstico hasta que sus “propietarios” emigraron a Estados Unidos y lo expulsaron de su vivienda.

A pesar de los obstáculos, Cadet terminó la secundaria, se unió al Ejército de los Estados Unidos y obtuvo una maestría en Literatura Francesa. Es está educación la que echa en falta en el futuro de su país.”En analfabetismo” es la gran amenaza de los días grises; un analfabetismo que va más allá de leer y escribir: “Muchos haitianos pueden leer, pero no ir más allá y pensar con lógica. No veo a la gente pensar con lógica”, repite.

En la radio, los periodistas “hablan y analizan los problemas, pero nadie da el siguiente paso. Eso es lo que está matando a Haití: la incapacidad de pensar racionalmente y de actuar ante los problemas”.

Y mientras, el país permanece paralizado, incapaz de buscar una solución política al vacío de poder dejado tras el fin del mandato de Michel Martelly y con la oposición dispuesta a derrocar por fin a los herederos del régimen de la familia Duvalier.

El Gobierno de transición nombrado el pasado mes de febrero tiene el mandato de organizar elecciones para el próximo 24 de abril. Haití tenía previsto celebrar el pasado 24 de enero la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, que fueron aplazadas dos días antes por el Consejo Electoral Provisional (CEP) ante la situación de violencia que vive el país y que ha dejado al menos cuatro muertos.

En la primera vuelta de las presidenciales, celebrada el 25 de octubre pasado, los candidatos que obtuvieron más votos fueron el del oficialista Partido Haitiano Tet Kale (PHTK), Jovenel Moise, y el del opositor Liga Alternativa por el Progreso y Emancipación Haitiana (Lapeh), Jude Celestin.  Este último rechazó participar en la segunda ronda alegando “graves irregularidades” en el proceso.

Lo único que no se detiene en Haití es la violencia. “No hay ley en el país, y el Gobierno no la impone (…) Haití es un lugar en el que la gente no valor la vida de los demás, ni siquiera valoran la suya”, sentencia Cadet.

“Tiene miedo a que la situación desemboque en una guerra civil? No, lo yo temo es a los criminales”

Reportaje para Agencia EFE publicado en La Vanguardia México