Myanmar President Thein Sein (C) attends the signing ceremony of the Nationwide Ceasefire Agreement (NCA) at the Myanmar International Convention Center (MICC II) in Naypyidaw on October 15, 2015. Myanmar on October 15 signed a ceasefire with eight ethnic minority armies in a step towards ending decades of civil war, a move weakened by the refusal of several other rebel groups to join the deal.  AFP PHOTO

Birmania acuerda una paz inconclusa con las guerrillas

Aunque la firma este jueves de un acuerdo de alto al fuego entre el Gobierno birmano y 8 guerrillas étnicas acerca al país a la paz tras seis décadas de conflicto armado, la estabilidad del Estado está aún en el aire. Los principales grupos insurgentes, el Kachin Independence Army (KIA) y el ejército Wa, han rechazado adherirse al pacto. En sus dominios étnicos del norte, en la frontera con China, los enfrentamientos son constantes y miles de civiles se ven obligados a huir de sus casas.

Tras casi dos años de negociaciones, el acuerdo nacional de alto al fuego -NCA por sus siglas en inglés- ha sido rubricado esta mañana en la la capital administrativa del país, Naypyidaw, por el presidente birmano, el exgeneral Thein Sein, y representantes de las ocho guerrillas étnicas que se ha avenido al pacto. “El NCA es una herencia duradera para las futuras generaciones”, ha asegurado el líder birmano, quien ha insistido en que el camino “hacia un futuro de paz en Myanmar está abierto”, después de que otros siete grupos armados se desmarcaran del pacto en las últimas semanas.

La ausencia de estas guerrillas, además de la de otra media docena de ejércitos étnicos que fueron excluidos del proceso, ha deslucido el acuerdo de alto al fuego, la gran apuesta del presidente Thein Sein de cara a los comicios del próximo día 8 de noviembre en los que opta a la reelección. De entre los grupos firmantes, sólo destaca el Karen National Union (KNU), una de las facciones étnicas más activa en la lucha contra el Tatmadaw, como se conoce al Ejército birmano. “Confiamos en que el alto al fuego suponga el fin de la guerra civil y la construcción de una paz genuina en el país”, ha señalado el KNU en una declaración recogida por la prensa local. En un primer gesto, los ochos grupos rebeldes, que apenas suman unos 16.000 combatientes, han sido retirados de la lista gubernamental de organizaciones ilícitas.

El documento firmado esta mañana en Naypyidaw es sólo un conjunto de compromisos por los que el Gobierno y las minorías étnicas se comprometen a seguir dialogando sin más enfrentamientos bélicos para la articulación de un nuevo Estado que por primera vez desde la conferencia fundacional de Panglong de 1947 se abre al federalismo.

La interferencia china

Desde su llegada al poder en 2011 como parte de la transición democrática acordada por la Junta Militar, el exgeneral Thein Sein ha firmado más de una docena de armisticios bilaterales con los grupos armados del país. Su objetivo era extender el alto al fuego a todo el país antes de las elecciones. No obstante, desde el primer momento la minoría Wa, la más poderosa de las facciones rebeldes con un ejército de unos 25.000 hombres y que desde 1989 administra de facto un vasto territorio fronterizo con China al este del estado Shan, se han desentendido del acuerdo.

El Kachin Independence Army (KIA), la segunda guerrilla más fuerte del país, con unos 10.000 hombres, también decidió escindirse el pasado mes de septiembre del borrador pactado después de que otros grupos insurgentes afines, como el Ta´ang National Liberation Army y Myanmar National Democracy Alliance Army (MNDAA), fueran excluidos de las negociaciones. Desde el pasado febrero, el Ejército birmano está enfrascado en una fuerte lucha con esta última milicia, también conocida como los kokang, fuertemente vinculada a los intereses chinos -esta minoría está formada por descendientes de inmigrantes chinos instalados en los territorios birmanos del norte-. Los enfrentamientos, que provocaron las advertencias diplomáticas del Ejecutivo chino, han causado más de un centenar de víctimas y al menos 60.000 civiles desplazados.

Aunque el Gobierno de Xi Jinping siempre ha negado las acusaciones, desde el comienzo del proceso han sido muchas las voces que han acusado a China de entrometerse en las negociaciones de paz. La pasada semana, Min Zaw Oo, uno de los negociadores del Myanmar Peace Center que coordina las conversaciones entre las minorías y el Gobierno, acusó al enviado especial chino de haber presionado a dos grupos rebeldes “claves” para no apoyar el acuerdo de alto al fuego. “China siempre dice que quiere estabilidad. Por supuesto que quiere estabilidad, pero al mismo tiempo quiere ejercer influencia sobre esos grupos a lo largo de la frontera”, aseguró Min Zaw Oo a Reuters. “China continuará apoyando a las minorías Han -los kokang, aliados del KIA- en Birmania para seguir presionando al Gobierno birmano. China quiere una Birmania lo suficientemente desestabilizada como para necesitar su ayuda”, apunta el activista y exoficial de las fuerzas especiales de los Estados Unidos Tim Heinemann.

Más allá de la influencia china, otras fuerzas insurgentes, como el Partido Progresista del Estado Shan o el Ejército Nacional de Liberación Mon, tampoco han decidido sumarse al alto al fuego.

“Dicen buenas palabras, pero nos continúan atacando”

En Myitkyina, la capital del estado Kachin, la guerra no deja huellas físicas. No hay huecos de balas en las paredes, ni ecos de bombas en el paisaje. Mas hay silencio. Puertas cerradas. Alambradas. Y puestos militares en cada acceso a la ciudad. Sólo desde el mes de septiembre se han registrado más de 40 enfrentamientos armados entre los soldados del Tatmadaw y las milicias del KIA en los territorios kachin del norte. “Sobre la mesa el Gobierno está poniendo buenas palabras, pero al mismo tiempo nos continúan atacando”, asegura Htang Kai Naung, responsable de la Kachin Legal Aid Network.

Más de 100.000 personas se han visto obligadas a dejar sus casas y refugiarse en campos como el de Maina, a las afueras de la capital. En su estrategia “four cuts” para asfixiar a la resistencia étnica, repetida en los dominios shan donde esta misma semana otras 1.000 personas han tenido que huir a causa de la violencia, el ejército birmano lleva meses imponiendo una campaña masiva de torturas, abusos sexuales y expropiaciones masivas perpetrada por sus propios soldados. “Seguimos en guerra. Nos siguen atacando”, afirma la activista kachin Khon Ja.

Reportaje publicado en el diario Gara