Las mareas ensayan en Galicia un tsunami ciudadano

En los días de mareas vivas, el mar sube deprisa y casi sin tiempo para despedirse arrebata la arena a las playas y las toallas a los bañistas. El pasado 24 de mayo, Galicia vivió una de esas jornadas de mareas vivas que esta vez arrastraron tras de sí una legislatura de dominio del PP en las principales urbes gallegas. En una cita electoral ya histórica, las denominadas mareas ciudadanas se hicieron con el poder en A Coruña, Santiago de Compostela y Ferrol. Ahora, en una pleamar de intenso debate dialéctico, aspiran a convertirse en un tsunami colectivo que inunde Galicia en las próximas elecciones generales.

Desde hace semanas, en las calles de las tres ciudades, convertidas en una cornisa revolucionaria al abrigo del Atlántico, las conversaciones giran entorno a los nuevos gobiernos.  “Ayer mis amigos hablaban más de qué ocurrirá ahora tras las elecciones que de la permanencia del Deportivo”, comentaba un estudiante universitario a la mañana siguiente de los comicios. Al principio, eran muchas las voces que miraban con recelo “a los del caos” o a “los de Venezuela”, mas los pequeños gestos y la cercanía de los regidores, a los que es fácil encontrarlos viajando en autobús urbano o charlando en alguna de las terrazas del centro de sus ciudades, han terminando por granjearles la empatía de sus vecinos, al menos en estas primeras jornadas de mandato.

Desde el primer día, las alcaldes de las mareas, los conglomerados ciudadanos en los que se diluyeron las marcas de Esquerda Unida, Anova, Podemos, Equo, Espazo Ecosocialista y Compromiso por Galicia para las elecciones municipales del pasado mayo, han querido marcar diferencias con una forma de gobernar, la del bipartidismo, de la que reniegan. Su decisión de no acudir a la tradicional Ofrenda del Antiguo Reino de Galicia al Santísimo Señor Sacramentado, una misa y procesión católicas en la que desde 1669 cargos políticos gallegos proclaman su devoción a esta figura religiosa, algo no visto desde los tiempos de la II República, supuso la primera gran polémica. Los alcaldes de PSOE y PP que sí asistieron al acto, presidido por el arzobispo de Santiago, Julian Barrio, censuraron la ausencia de sus colegas.  “Hoy el alcalde de A Coruña está donde tenía que estar, homenajeando a la ciencia, homenajeando al conocimiento, y homenajeando a una de las coruñesas más ilustres”, replicó entonces el regidor de A Coruña, Xulio Ferreiro, quien en su primer acto público como alcalde prefirió acudir al homenaje que se celebrana esa misma mañana a la matemática María Wonenburger, la primera española que logró una beca Fullbright para doctorarse en Estados Unidos.

La irrupción de las mareas fue un movimiento inesperado en el anquilosado régimen político gallego, aunque hacía años que se venía gestando. Su germen se remonta a noviembre de 2002, cuando el petrolero Prestige se hundió frente a la costa de Fisterra, provocando uno de los mayores desastres ecológicos de la historia de España. “Ahí se produjo un cisma entre la sociedad civil y los gestores de las administraciones”, opina Víctor Sampedro, catedrático de Opinión Pública y Comunicación Política.

En los comicios del 24-M, el mapa político gallego cambió radicalmente. El sorpasso dejó al PSOE como la tercera fuerza en la cornisa atlántica, mientras el PP de Alberto Núñez Feijóo perdió 184.000 apoyos en la comunidad. “Las mareas canalizaron en Galicia el movimiento 15-M”, apunta el doctor en Sociología de la Universidad de A Coruña (UdC) José Antonio López Rey. Al voto de cabreo y descontento del movimiento indignado, macerado durante años al grito del Nunca Máis, se unió la ilusión generada a base de encuentros y asambleas abiertas inspiradas en el mo- delo de la Alternativa Galega de Esquerdas (AGE), el movimien- to ideado por Xosé Manuel Beiras, Yolanda Díaz y el propio Pablo Iglesias en las elecciones autonómicas de 2012 que sirvió de laboratorio para la creación de Podemos.

Pablo Leira fue uno de estos jóvenes que decidió dar un paso desde el activismo medioambiental a las mareas. “Estábamos ante una oportunidad de organizarnos desde la ciudadanía, de confluir, para hacer frente al poder del 78”, subraya este ingeniero informático de 31 años. La movilización social pronto se transformó en una corriente de ilusión que traspasó barrios y fronteras ideológicas. Con un mensaje fresco, a pie de calle, “99 propuestas para el 99%”, las mareas conquistaron los vientos de las nuevas políticas.

Alcanzadas las alcaldías, las mareas se enfrentan ahora al reto de no traicionar a sus votantes. De cumplir sus promesas electorales. En apenas una semana ha dado muestras simbólicas de lo que pretenden: han sacado las investiduras a la calle, prescindido de los coches oficiales y los trajes, anunciado reducciones de sueldo -de 65.000 a 40.000 euros en el caso de A Coruña-y paralizado desahucios. Mas aún queda mucho por hacer: impulsar la transparencia en las instituciones, auditar cuentas, priorizar los programas sociales, rescatar servicios privatizados y, sobre todo, generar empleo. Por ahora, los gobiernos de las mareas han paralizado ya la creación del Museo de la Automoción, impulsado por la Fundación Jorge Jove, en uno de los parques más emblemáticos de A Coruña y han dado los primeros pasos para remunicipalizar la gestión de algunos servicios, como el del agua en Santiago de Compostela.

En las próximas semanas, los nuevos Ejecutivos deberán confirmar que su intención transformadora va más allá de hacer cumplir la Ley de Memoria Histórica o retirar las subvenciones a los toros. Las voces críticas auguran que cuando empiecen a tomar decisiones sobre temas controvertidos, como el derribo ordenado por la Justicia de un edificio de viviendas en el centro de A Coruña, se conocerá la verdadera “pasta” de la que están hechos los nuevos alcaldes.  “No se puede gobernar a base de símbolos”, asegura el joven militante nacionalista Ruben Neira. 

El PSOE arrasa en Vigo

En los bautizados como “comicios del cambio”, el alcalde de gran ciudad más votado en España fue un exministro de Felipe González cuya trayectoria política se remonta a 1982. Abel Caballero conquistó para el PSOE su única gran victoria en Galicia con un espectacular resultado que le permitió superar ampliamente al PP y controlar la Diputación de Pontevedra. Su política del “agravio”, de la Xunta contra Vigo, ha calado en la sociedad mimetizándose en un movimiento, “el viguesismo”, que no existía antes de su llegada, señala López Rey. Habrá que ver lo que ocurra cuando Caballero no esté, se pregunta el sociólogo. Por ahora, el adalid de la “nueva política” del 78 ya ha anunciado que se presentará a la reelección y, si gana, también lo hará a las siguientes. En Lugo, los socialistas han podido retener también el bastón de mando, aunque para ello hayan tenido que sacrificar a uno de sus líderes más emblemáticos, Xosé López Orozco, imputado por cohecho en la operación Pokemon, por exigencia de la marea de Lugo, la denominada Lugonovo.

En el otro lado del tablero, el PP, que tras los comicios de 2011 dominaba casi en exclusiva el poder local en Galicia, se lame hoy las heridas repitiendo que han sido el partido más votado en la comunidad, mas apenas controlan alcaldías como la de Ourense, en coalición con la formación local Democracia Ourensana (D.O), y otras en municipios de menor tamaño.

Los nacionalistas han sido la otra gran víctima del auge de las mareas. Fuera de las corporaciones de Vigo y Ourense, y con una representación residual en otras como la de A Coruña, el BNG concentra todo su poder local en la alcaldía de Pontevedra, donde Miguel Anxo Fernández Lores logró conservar por quinta legislatura el bastón de mando convirtiéndose además en la lista más votada. “Cuando el BNG es capaz de llevar adelante su programa es capaz de convencer a la gente”, remarca López Rey. El problema, continua el sociólogo de la UdC, es que buena parte de la comunidad los nacionalistas “no están pillando onda” y sus siglas son “un lastre”.

Es cierto que el partido ya “no genera la ilusión que generaba”, reconoce Rubén Neira, militante de base de la formación nacionalista, quien achaca el desapego a los errores cometidos en sus distintas responsabilidades de gobierno y a la campaña de desprestigio de algunos medios de comunicación. “La marca BNG trae errores detrás”, lamenta Neira.

En los últimos días, el portavoz nacional del BNG, Xavier Vence, ha lanzado la idea de “conformar una candidatura gallega de unidad” para los comicios estatales, una marea gallega de la que los nacionalistas no quieren quedarse al margen. “Las mareas no son sólo Podemos, en ellas hay parte del discurso del BNG”, recuerda Neira, quien insiste en la necesidad de alcanzar un “programa de mínimos” en el que se reconozca a “Galicia como un sujeto político con identidad propia”. Precisamente la heterogeneidad de las mareas ciudadanas se advierte como su principal debilidad: demasiadas sensibilidades para ponerse de acuerdo en un programa de gobierno más allá de enfrentarse a un enemigo común, el PP.

Son muchos los padrinos para esta marea gallega, aunque por ahora ninguno renuncia a llevar la voz cantante. A la oferta del BNG ya ha dicho “no” el alcalde de A Coruña, quien aboga por un “liderazgo ciudadano”. “Nadie la debe capitalizar, hay que dar el liderazgo a la ciudadanía”, aseguró Ferreiro en una comparecencia pública.

Paralelamente, Podemos e Izquierda Unida mantienen en Galicia un juego de seducción para atraer a las mareas. El partido de Pablo Iglesias, consciente de la idiosincrasia propia “del ecosistema político gallego”, ha abierto la mano a una candidatura de confluencia, aunque se mantiene en su idea de amparar la lista bajo el paraguas de Podemos, mientras el líder de Izquierda Unida, Alberto Garzón, ha viajado recientemente a Galicia para reunirse con los alcaldes y establecer las bases de una “candidatura de unidad popular”. Pese a la discrepancias, “la marea gallega es viable ya que hay una confluencia en la base electoral”, sentencia López Rey.

“Pero un adelanto electoral alteraría muchísimo las posibilidades de consolidación de esta plataforma”, tercia en este punto Víctor Sampedro, quien se muestra “pesimista” a la hora de fi- jar los plazos, los calendarios y los recursos para llevarla a cabo. No obstante, este experto coincide en que sí existe “una base común” para configurar una marea galega. “Galicia es un ban- co de pruebas, un laboratorio político que antecede y da muchas claves de cómo pueden desarrollarse los hilos de la nueva política”, sostiene.

El diálogo político de los próximos meses marcará el futuro de esta alternativa a la que deberá enfrentarse el PP. Tras la de- bacle del 24-M, Núñez Feijóo ha encargado al ex alcalde de Ferrol, José Manuel Rey Varela, una ponencia para reactualizar los postulados políticos de la formación conservadora. El tiempo del cambio ha llegado para todos.

Reportaje publicado en la revista La Marea