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El IS busca nuevos mártires en el sudeste asiático

Una bomba de cloro en Yakarta. Ésta era la firma con la que el Estado Islámico (IS) pretendía anunciar el pasado mes de febrero su llegada al sudeste asiático, una zona estratégica que ya fue utilizada por Osama Bin Laden en su campaña de terror. Trece años después del sangriento atentado de Bali, el extremo oriente vuelve a ser una pieza codiciada para el califato de Abu Bakr al-Baghdadi en su búsqueda de una inagotable cantera de mártires. 

Entre los 20.000 extranjeros que combaten junto al IS en Siria e Irak apenas 500 son indonesios, 50 malayos y un centenar filipinos. Una cifra aún menor procede de Camboya y Singapur. Pese a su todavía escaso peso cuantitativo, los guerreros asiáticos de la yihad no han parado de crecer en los últimos meses: sólo el pasado mes de marzo 32 indonesios trataron de cruzar la frontera turca para unirse al IS.

Al igual que Osama Bin Laden hace una década, al-Baghdadi está utilizando con éxito su retórica religiosa para captar nuevos guerreros santos entre los millones de musulmanes del sudeste asiático. “En estos momentos es más probable ver al sudeste asiático como una fuente de reclutas que como un nuevo teatro de operaciones. En este sentido, su estrategia está siendo un éxito dado el aparentemente importante y creciente número de malayos e indonesios, especialmente, que se están uniendo al movimiento”, apunta el analista de Allan&Associates Gavin Greenwood.

No obstante, la yihad no se circunscribe ya a Siria e Iraq, sino que los planes del IS pasan por extender la influencia del califato por todo el mundo. “Cualquier región que alguna vez fue regida por las leyes islámicas es legítimamente un territorio a recuperar. Indonesia, Malasia, Singapur, Filipinas…todos tienen grandes poblaciones musulmanas”, subraya la investigadora Rajeshwari Krishnamurthy vinculada al instituto de estudios de Nueva Delhi.

La bomba de cloro de la capital indonesia fue el primer paso más en la temida estrategia de al-Baghdadi: la vuelta a casa de los guerreros de la yihad. Aunque no llegó a explosionar por un fallo en el artefacto, colocado en el baño de caballeros de un área infantil en el segundo piso de un centro comercial al sur de la capital, fue fabricado por un grupo de radicales recién retornados de Siria, donde la utilización de estas bombas sucias es una práctica recurrente entre los yihadistas. “Tiene la firma del IS”, aseguró el general Tito Karnavia, uno de los altos cargos policiales indonesios al informar del incidente.

El fallido atentado de Yakarta no ha sido el único intento de los radicales islamistas de volver a actuar en territorio asiático. En abril, 29 malayos -varios de ellos entrenados en Siria- fueron detenidos acusados de preparar una cadena de ataques en la capital del país. En Australia, las autoridades frustraron un atentado inspirado en “el culto a la muerte del Daesh” -el acrónimo del IS en árabe-  durante la celebración del Anzac Day conmemorativo de la I Guerra Mundial.

El temor a la amenaza yihadista ha llevado a los miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) a extremar las preocupaciones e incrementar los controles. Tres de los once indonesios que habían vuelto al país tras viajar a Siria han sido ya tenidos y otros 8 permanecen vigilados, mientras en Malasia el Gobierno ha aprobado una nueva ley que recupera las detenciones indefinidas sin juicio para frenar a los terroristas. Más de un centenar de personas han sido ya arrestadas en el país por su presunta relación con el IS. “El riesgo de que los tentáculos diabólicos del IS se extiendan a nuestra parte del mundo es muy real”, alertó el pasado mes el ministro de Exteriores malayo, Afinar Aman.

Reportaje completo en el diario Gara