Los polluelos que alimentan a la familia Somen

A Khavay Somen cada año se le morían la mitad de las aves que criaba en la pequeña comunidad de campensinos de Trapaing Romdenh, en la llanura camboyana de Pursat. El cólera, la viruela aviar o la enfermedad de Newcastle azotaban cada temporada su averío. Sin sus polluelos, Khavay Somen apenas podía mantener a su familia, menos ahora que iban a ser cuatro en casa. Entonces oyó hablar de un programa de vacunas y alimentación ecológica. Dos años después la vida para los Somen sigue sin ser fácil, pero al menos no falta un plato de comida en la mesa. Sus pollos son ya los más valiosos del mercado de Krakat.

Un cartel cuelga sobre la malla que cerca el gallinero. Khavay Somen apunta en él cada una de las ventas. También registra las vacunas, su coste, y las fechas de las próximas dosis. Todo está perfectamente documentado. Antes de cruzar la verja, pisa repetidamente sobre la cubeta con material desinfectante colocada frente a la única entrada. Adentro, una veintena de aves aletean alrededor de la tolva en la que Khavay Somen deja caer el pienso. Es un producto especial, ecológico, creado a partir de productos locales, frutas y vegetales. “La gente aprecia después el sabor de los pollos alimentados con este preparado”, asegura Tel Sophat, uno de los veterinarios que asiste a los granjeros de Trapaing Romdenh. Desde que nutre a sus crías con este compuesto, los pollos de Khavay Somen casi han duplicado su precio en el mercado local. Ahora se venden a 4,5 dólares como mínimo.

“En esta campaña ya he vendido diez, por los que he sacado 50 dólares”, expone orgulloso el joven Khavay Somen. En un país en el que casi tres cuartas partes de la población vive con menos de dos dólares al día, la cría de ganado siguiendo principios ecológicos se ha convertido en una salida para los agricultores de Pursat. Sólo en la comunidad de Trapaing Romdenh, apenas a unos 10 kilómetros de la capital provincial, 25 familias se han unido ya al programa impulsado por la ONG checa People in Need. Durante los primeros meses, explica Tel Sophat, los agricultores de la zona eran reacios, “desconfiaban”, pero tras el éxito de la primera campaña muchos han decidido sumarse.

Tras superar un breve e intenso periodo de formación -“la mayoría son analfabetos, así que les tenemos que mostrar todo en la práctica”, subraya Soreurn Him, otro de los veterinarios que participa en la iniciativa-, los campesinos seleccionados reciben una ayuda de 65 dólares para la compra de material: redes, productos de higiene, vacunas….Los expertos de la ONG les enseñan además a diseñar un plan de negocio para los próximos seis meses. El objetivo es mostrarles cómo maximizar el rendimiento de sus tierras.

Hasta la fecha Khavay Somen va cumpliendo sus objetivos. Ya ha vendido la mitad de los veinte pollos previstos para este semestre, con los que debería conseguir algo más de 62 dólares de beneficio. “Estoy muy contento”, repite mientras acaba de alimentar a las crías más jóvenes, una docena, que mantiene recluidas en una pequeña jaula construida con una red sobre un armazón de bambú. “Antes esto tampoco lo hacían. Los criaban de la forma tradicional, libres, sin prestarles atención ni cuidados, por eso la mayoría morían”, señala Soreurn Him. Ahora las aves son vacunadas y los polluelos resguardados tras una malla. “Esto ayuda a protegerlos y a que crezcan mejor”, añade Tel Sophat.

Los 0,22€ que reducen la mortalidad un 40%

En Trapaing Romdenh casi nunca hay visitas. La última carretera asfaltada se encuentra a unos dos kilómetros de la aldea y sólo los conductores más avezados son capaces de librar el barro que cubre el camino tras el monzón. Las lluvias son una bendición para la comunidad. Mantienen los bosques verdes y las tierras fértiles, pero al tiempo multiplican la prevalencia de las enfermedades, tanto en humanos como en los animales. En el primer trimestre de 2013, el 62% de las crías, el 27% de las gallinas y el 11% de los cerdos de los agricultores de esta zona del país perecieron a causa de dolencias prevenibles: la viruela aviar, el cólera y la enfermedad de Newcastle entre las aves; la pasteurelosis y la peste entre la cabaña porcina; y la enfermedad de pierna negra, la fiebre aftosa y la pasteurelosis entre el ganado vacuno.

La prevención ha sido durante décadas un tema olvidado entre los granjeros camboyanos. La mayoría no saben leer ni escribir, ni tampoco dónde encontrar las vacunas ni cuál elegir. Además, muchos recelaban a la hora gastar sus ahorros para acabar con un riesgo invisible mientras los animales lucían saludables. Sólo la cabaña de reses solía ser inmunizada regularmente. Así, la mortalidad, especialmente entre el averío, era muy alta, alrededor del 60%. “Hoy está por debajo del 20%”, destaca Tel Sophat.

Basta con aplicar un programa de tres inyecciones para el ratio descienda un 40%. Una inversión de apenas 0,22 € que supone sin embargo un fuerte desembolso para la paupérrima economía de estas familias. Con una cabaña media compuesta por 8 pollos, 13 gallinas, 7 patos, 2 cerdos, 5 vacas y 2-3 búfalos, los campesinos de Pursat deben destinar anualmente al menos 7 euros para la vacunación de los animales. En los últimos meses, la campaña de subsidios puesta en marcha por el Gobierno ha permitido extender la prevención en las comunidades más empobrecidas. En Trapaing Romdenh nadie duda hoy de las ventajas de la vacunación.

Un circulo virtuoso para la economía local

En la casa de los Somen la jornada empieza al alba. Mientras Koh Samang prepara el desayuno, su marido reúne el forraje y los vegetales con los que elaborará el pienso natural. “Es un preparado a base de frutas, verduras y otras hortalizas locales”, explica Tel Sophat, quien lleva semanas recorriendo las aldeas de la provincia enseñando a los campesinos cómo elaborarlo. Además de sus ventajas nutricionales, este pienso es más barato que el industrial. “1.000 rieles (0,22€), frente a los 2.000 (0,44€) del comercial”.

La utilización de productos autóctonos ayuda a poner en marcha el círculo virtuoso de la economía local: los cultivos hortofrutícolas se disparan, empujando el consumo en el mercado provincial. Una rueda que hace girar la economía de Trapaing Romdenh. La propia actividad veterinaria es también generadora de riqueza en la zona. Sólo en 2013, 95 jóvenes fueron formados para ayudar a los campesinos en la asistencia de sus cabañas. Si el servicio fuese extendido a otras provincias, la facturación del sector podría sobrepasar los 600.000 euros. Además, según los estudios de People in Need, la implementación de un método adecuado de cría y cuidados reduciría las pérdidas de los ganaderos en más de 900.000 euros anuales y mejoraría las condiciones de vida de más de 30.000 personas.

La pequeña tienda de comestibles que Koh Samang regenta en una de las cabañas anexas a su vivienda es el termómetro de la economía de Trapaing Romdenh. Si las ventas en la feria de Pursat son buenas, las cajas de cervezas Angkor y las bolsas de dulces desaparecen en cuestión de minutos. “Aún así aquí se vende poco”, insiste Koh Samang, “no más de 5 dólares al día, pero a eso hay que descontarle los gastos”, aclara.

Esta tarde Khavay parece agotado. Tras el nacimiento hace 5 meses de su segundo hijo, Mom Rayuth, a la familia Somen le hace falta más que nunca el dinero, así que Khavay tiene que encargarse también de los animales de unos vecinos para conseguir unos ingresos extra. Además, cuando no es tiempo de cosecha, se desplaza a la ciudad a trabajar como carpintero. “Así puedo conseguir unos 4,5 dólares más al día”, afirma. Por ahora no tiene otra opción. Al menos hasta que la próxima camada de sus polluelos mágicos esté lista para ser vendida.

Reportaje publicado en Planeta Futuro de El País