Cómo hemos cambiado

Alrededor del bazar central de Dohuk, la tercera ciudad del Kurdistán por tamaño, los kebabs se multiplican. Los camareros reclaman la atención de los clientes. Busco el local del año pasado. Al padre de amplia sonrisa y su hijo. Quiero uno de esos kebabs baratos de los que me alimenté durante días. Encuentro el kebab pero no a mis amigos. En su lugar dos camareros bien uniformados me dicen que no puedo pedir un solo kebab. Pedido mínimo dos.  Pienso en mi joven amigo. Espero que este bien. Cómo hemos cambiado, amigo. La gente sigue pululando entre bazares estrechos y florecen los negocios. Ropa cara, transporte de mercancías, puestos de comida en cada esquina. Los ancianos lucen orgullosos trajes tradicionales, largo tiempo prohibidos, mientras los jóvenes (alguno sin haber cumplido siquiera los 10 años) trabajan el negocio familiar. Parece que, por fin, esta bendita tierra ha encontrado el camino del progreso. El progreso del petróleo. Ese progreso que lleva a la gente a acumular hasta 3 coches, a intentar estafar a los turistas o simplemente a duplicar los precios. Un progreso que corre el riesgo de arrastrar a estas tierras lo peor de Occidente. Cómo hemos cambiado, amigo.