Halabja, el día en el que Sadam Husein usó armas químicas

Zimnako Mohammed Ahmed era todavía un niño cuando el 16 de marzo de 1988 la aviación iraquí de Sadam Husein descargó sobre la ciudad kurda de Halabja una mezcla de gas nervioso y una primitiva versión de gas mostaza.

Aquel mismo día, Zimnako se extravió del resto de su familia. Trasladado a un hospital, el joven fue recogido por una familia iraní con la que creció bajo el nombre de Ali Asmin hasta que en 2010 volvió a Halabja.

Fue allí donde descubrió su historia y pudo reencontrarse con su familia. Su nombre, encuadrado en rectángulo verde, destaca desde entonces entre el de las 5.000 víctimas que conforman el monumento en recuerdo a la masacre de Halabja.

“Ésta es una de esas historias de familias que han sufrido durante años por la pérdida de sus miembros. Éste ha sido uno de los efectos a largo plazo del ataque”, subraya el presidente de la Asociación de Víctimas Químicas de Halabja, Luqman A. Muhammad. La historia de Zimnako se comenta una y otra vez entre los visitantes que se acercan a Halabja para recordar el 25 aniversario de un ataque en el que Sadam Hussein sí usó armas químicas.

La campaña de Anfal

Los kurdos, etnia casi exclusiva en los límites entre el noreste de Irak e Irán, fueron acusados por Hussein de apoyar al régimen iraní en el conflicto que ambos países mantuvieron entre 1980 y 1988. El líder del partido de Baaz ordenó una campaña militar que se extendió de 1987 a 1989 y en la que fallecieron más de 182.000 civiles.

Halabja, a tan sólo 10 kilómetros de Irán, no fue elegida al azar. Esta pequeña ciudad había sido escenario durante los meses anteriores de importantes protestas contra la guerra. El ataque fue el punto culminante de la campaña de Anfal (Botín de guerra, mismo nombre de una ‘sura’ [capítulo] de Corán) para aleccionar a los kurdos.

‘Alí, el Químico’, primo de Sadam Hussein, diseñó una macabra operación que arrancó el 14 de marzo de 1988. Dos días de intensos ataques con morteros y artillería tradicional obligaron a la población a recluirse en el centro de la ciudad, donde fueron un blanco fácil para el bombardeo químico.

“El plan de Sadam era mortal. Primero atacó el centro de la ciudad y después las carreteras hacia las que se dirigían los supervivientes”, lamenta Muhammad, quien perdió a varios familiares aquel día.

Durante siete meses de 1988 la aviación y las tropas iraquíes bombardearon más de 2.000 aldeas en esta zona del Kurdistán. En Halabja más de 5.000 personas fallecieron aquel día y otras 10.000 resultaron heridas.

“Las consecuencias del ataque químico afectan todavía a Halabja y a su población. Esto es porque las víctimas que sobrevivieron sufren todavía enfermedades, muchas de ellas imposibles de curar”, explica Muhammad. “Otro problema -añade el alcalde de la localidad, Goran Adham- es que el ataque deja su influencia negativa en las generaciones que vienen”: abortos, deformaciones y enfermedades crónicas…”Debemos tener en cuenta que muchos de los supervivientes están todavía en peligro por lo que el número de víctimas mortales continúa aumentado a día de hoy”, concluye Muhammad.

El Gobierno Regional del Kurdistán ha puesto en marcha un programa para ayudar a las víctimas y muchas de ellas son enviadas a recibir tratamiento al extranjero. Aunque Halabja ha ganado en extensión, hoy viven en ella menos personas que en los 50, cuando la familia Pasha convirtió la población en un referente comercial.

Tras el ataque de 1988, buena parte de la población huyó a Irán y a su vuelta muchos encontraron sus casas destruidas y, lo que es peor, su tierra contaminada. De hecho, hay zonas de la ciudad donde está prohibido cultivar alimentos. “Las tierras han ido absorbiendo gradualmente los gases químicos y éstos todavía tardarán muchos años en ser disueltos completamente. El agua bajo tierra está también contaminada”, asegura el presidente de la asociación de víctimas. “Las investigaciones de expertos dicen que la situación está mejorando aunque no podemos decir al 100% que la ciudad se haya recuperado”, reconoce Adham.

La procedencia de las armas

“La tragedia de Anfal es enorme y sus heridas, muy profundas”, aseguró esta misma semana el presidente de la región autónoma del Kurdistán,Masud Barzani, quien ha pedido que la masacre de Halabja sea reconocida política y legalmente como genocidio.

En los últimos años la posición de la comunidad internacional sobre lo ocurrido en Halabja ha variado notablemente. Reino Unido, Suecia y Noruega lo han calificado ya como genocidio y en La Haya se empezará a construir un monumento en homenaje a las víctimas.

Sin embargo, queda todavía por explicar la participación de países y compañías que ayudaron a desarrollar las armas químicasutilizadas en la matanza. Un foro internacional, impulsado por un grupo de presión estadounidense, discutirá en octubre el reconocimiento y lasposibles indemnizaciones a las víctimas.

Lo ocurrido en Halabja fue un atentado contra toda la humanidad, subraya Adham, quien fue además el abogado principal de las víctimas en el proceso seguido contra ‘Alí, el Químico’.

En su actual cargo como alcalde de Halabja, Adham sólo quiere que la gente no olvide lo ocurrido. Para ello, el museo dedicado a las víctimas está repleto de fotografías de la masacre, restos de las bombas, regalos solidarios como el enviado por el pueblo de Hiroshima u objetos simbólicos como el bolígrafo con el que se firmó la condena a muerte de ‘Alí, el Químico’. “No hay victoria en la guerra ni en la masacre de la humanidad. Como familiar de las víctimas pido que no se usen armas químicas ni otras armas mortales contra civiles”, sentencia Mohammed.

Este reportaje, escrito junto a Miguel Fernández Ibañez,  ha sido publicado en el diario EL MUNDO