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El mayor enemigo del panal

El antídoto contra las plagas para los tomates o las patatas es veneno puro para las abejas. Basta una diminuta dosis de estos agroquímicos para destrozar el sistema endrocrino de unos insectos a los que la naturaleza reserva un puesto privilegiado por su principal función, la polinización. El sector apícola alerta de la merma de las poblaciones en las colmenas.

Los datos económicos de momento acompañan a la apicultura gallega, con una facturación el pasado año de 4,5 millones de euros. Pero el sector se enfrenta al peor enemigo posible. Invisible y demoledor. La producción de miel se ve amenazada por el despoblamiento de los colmenas, un fenómeno que los técnicos de la Asociación Galega de Apicultura (AGA) achacan al abuso de pesticidas, que han provocado ya la desaparición del 50% de las cabaña apícola. 

En 2000, la comunidad contaba con más de 100.000 colmenas, de las que, en la actualidad, sólo se mantienen alrededor de 70.000. En ellas apenas trabajan 3.000 personas. “Entre el 30% y el 40% de los apicultores han abandonado”, lamenta el secretario de AGA, Jesús Asorey. Una de las causas de este abandono masivo del sector tiene su origen en el despoblamiento de las colmenas, un proceso que se inició hace más diez años cuando se comenzaron a utilizar en España los pesticidas neurotóxicos que han provocado la desaparición, en algunas zonas de cultivo como Ferrol o el Salnés, de hasta el 80% de las abejas.

Al ingerir estos pesticidas, aún en dosis muy pequeñas –de diez partes por trillón–, las abejas, así como otros insectos, sufren una disfunción endocrina que afecta a sus sistema nervioso y a su capacidad de orientación, explican. “No saben regresar a la colmena, con lo cual ésta se va despoblando poco a poco sin que aparezcan los cadáveres”, ya que estos desaparecen a kilómetros de distancia, señala Xosé Manuel Durán, técnico de AGA. El fenómeno se ha acentuado en el último lustro debido a la utilización de este tipo pesticidas en la siembra de especies como los tomates, patatas, judías y, especialmente, de maíz forrajero, uno de los alimentos preferidos por las abejas en las últimas semanas de la época estival. Anualmente desaparecen de media entre el 30 y el 40% de los individuos de cada colmena, lo que afecta, además, a la biodiversidad de las especies, ya que las abejas son uno de los polinizadores naturales más activos. La cadena se rompe.

Este artículo ha sido publicado en el diario El Faro de Vigo